Mi camino

Lo que me trajo hasta aquí

No llegué hasta aquí por una decisión rápida.
Fue un camino lleno de preguntas, búsquedas, aprendizajes y transformación. Y sigue siéndolo.

Los primeros pasos

Desde muy joven me adentré en el mundo del desarrollo personal.
El motivo era claro: no me encontraba bien.
Necesitaba entenderme, encontrar sentido… y no sabía por dónde empezar.
Así comenzó una búsqueda que aún continúa.

Si algo me define es la búsqueda constante. He sido inquieta, inconformista y curiosa toda mi vida… y aún me queda mucho por descubrir.

Estudié interpretación durante cuatro años en el Estudio Corazza para la Actuación, y aunque no me dediqué profesionalmente a la actuación, siempre recuerdo aquella etapa como una auténtica escuela de vida. Me ayudó a conectar con mis emociones, mis bloqueos y mi expresión.
A partir de ahí, exploré la terapia Gestalt, el clown y el movimiento expresivo, hasta formarme como coordinadora en movimiento y terapia psicocorporal en el Sistema Río Abierto.

Herramientas que marcaron mi camino

En paralelo, llegaron herramientas más sutiles. Las Flores de Bach me acompañaron primero como paciente, pero pronto empecé a prepararlas para mí, para otras personas… y también para animales. Con el tiempo, me formé como terapeuta floral en el Dr. Edward Bach Centre.

También practiqué yoga durante más de quince años, y me formé como profesora. Me certifiqué como Practitioner en PNL y me acerqué a la psicología de los eneatipos, la meditación, la visualización y muchas otras herramientas de autoconocimiento.

Vida y trabajo

Paralelamente a todo este camino personal, trabajé durante años en el ámbito de la producción, la publicidad y la comunicación.
Desempeñé funciones organizativas, administrativas y comerciales en distintas empresas.
En la última etapa, pude conciliar la crianza de mi hija con mi trabajo, teletrabajando desde casa cuando aún era algo poco habitual.
Y si hay algo que verdaderamente me ha transformado, ha sido ser madre.

Mi hija ha sido mi mayor experiencia de desarrollo personal y lo que más felicidad me ha traído en la vida.

Lo que realmente me transformó

Ahora bien, ¿qué me ha servido realmente?
Te soy sincera: ninguna técnica me cambió la vida por sí sola.
Durante años busqué la herramienta perfecta, esa que lo resolviera todo.
Pero lo que más me ha transformado ha sido otra cosa:

Mirar de frente lo que me cuesta, sostenerme con hábitos sencillos y dejar de esperar soluciones mágicas para seguir construyendo mi propio camino.

El giro inesperado

Con el tiempo, la vida me llevó hacia lo más inesperado (y hacia una pasión olvidada): los perros.
Un día, uno se cruzó literalmente en mi camino —pero esa es otra historia.

Con él llegaron nuevos retos: desconocimiento, conductas difíciles, frustración, dudas, culpa… y también la certeza de que algunos métodos no nos ayudaban.
Fue entonces cuando decidí formarme como educadora canina y terapeuta del comportamiento en la Universidad Complutense de Madrid.

Allí aprendí desde lo técnico y profesional, pero también confirmé algo profundo:
que todo lo anterior —todo lo aprendido sobre personas, procesos y emociones— podía integrarse con el mundo canino de una forma real, profunda y respetuosa.

Mejora constante

Desde entonces no he dejado de aprender. He continuado formándome, probando y refinando herramientas que me permitan acompañar mejor a las personas y a sus perros.
Mi enfoque sigue creciendo, pero siempre parte del mismo lugar: el respeto, la calma y el deseo de construir una convivencia más consciente.

Hoy acompaño a personas que, como yo, aman a sus perros… y que están dispuestas a mirar dentro para comprender mejor lo que ocurre fuera.
Porque todo este camino —el del desarrollo personal y el del vínculo con los perros— no son dos caminos separados.

Son uno solo.

Te deseo una vida en calma en un mundo de perros.

Yema Niro